Los tres puntos no son suficientes para el aficionado merengue, al que el equipo le deja dudas

Vinicius Jr y Kylian Mbappé. Foto: Meritocracia Blanca
El Real Madrid volvió a sonreír en LaLiga después de varias semanas llenas de golpes, críticas y dudas. El conjunto blanco derrotó 2-1 al Deportivo Alavés en el Santiago Bernabéu en un encuentro marcado por la tensión ambiental, los pitos de parte de la grada y una sensación constante de fragilidad pese al triunfo final. Los goles de Mbappé y Vinicius permitieron a los de Álvaro Arbeloa cortar la mala racha y seguir aferrados matemáticamente al campeonato.
La eliminación europea frente al Bayern y las últimas jornadas ligueras habían dejado al madridismo en un estado de frustración evidente. El Bernabéu presentó una entrada más fría de lo habitual y desde los primeros minutos se percibió cierta desconfianza hacia el equipo. Vinicius y Mbappé, especialmente señalados por la afición en las últimas semanas, fueron recibidos con algunos silbidos antes del inicio del partido.
El Madrid domina, pero no convence
El conjunto blanco arrancó teniendo el balón y monopolizando la posesión, aunque nuevamente con dificultades para transformar ese dominio en ocasiones realmente claras. Arda Güler fue el futbolista más inspirado durante el primer tramo de encuentro, moviéndose entre líneas y generando ventajas constantemente con su visión y movilidad.
El Alavés, necesitado de puntos en la pelea por la permanencia, apostó por un bloque bajo muy compacto y trató de aprovechar cualquier error madridista para correr al espacio. Toni Martínez y Carlos Vicente incomodaron varias veces a una defensa blanca que volvió a transmitir inseguridad en determinadas acciones.
Pese a ello, el Madrid terminó encontrando premio. En el minuto 30, Mbappé recibió en la frontal y soltó un disparo que tocó ligeramente en un defensa antes de superar a Owono. Un gol liberador para el francés, que celebró con rabia consciente del clima de tensión que lo rodeaba.
Vinicius amplía la ventaja
El tanto dio cierta tranquilidad al conjunto blanco, que logró marcharse al descanso con ventaja y sensación de control. Y apenas comenzar la segunda mitad llegó el segundo golpe madridista.
Minuto 50. Fede Valverde filtró un balón hacia Vinicius y el brasileño definió con un disparo cruzado para firmar el 2-0. El delantero celebró señalándose el escudo y pidiendo perdón a la grada, consciente también de las críticas recibidas durante las últimas semanas.
Durante varios minutos el partido pareció completamente controlado por el Madrid. Bellingham y Güler movían al equipo con criterio y el Alavés apenas conseguía salir de su campo. Sin embargo, el conjunto blanco volvió a demostrar esa preocupante incapacidad para cerrar los encuentros con tranquilidad.
El Bernabéu vuelve a sufrir
Los cambios de Arbeloa enfriaron al equipo y el Madrid perdió fluidez ofensiva en el tramo final. El Alavés empezó a crecer poco a poco, adelantó líneas y obligó a Lunin a intervenir en varias ocasiones importantes. El guardameta ucraniano sostuvo al equipo blanco con varias paradas decisivas cuando el encuentro comenzaba a complicarse.
Y cuando parecía que el partido terminaría sin demasiados sobresaltos, llegó el sufrimiento habitual. En el minuto 93, Toni Martínez aprovechó un desajuste defensivo para marcar el 2-1 y sembrar los nervios en el Bernabéu. El estadio pasó de la calma relativa a la angustia en apenas unos segundos.
El Alavés todavía tuvo tiempo para colgar algún balón más al área, mientras el Madrid defendía con más ansiedad que orden. El pitido final terminó siendo recibido más con alivio que con entusiasmo por parte de la grada blanca.
Victoria necesaria, pero pocas certezas
El triunfo permite al Real Madrid cortar una racha de cuatro partidos sin ganar y mantenerse vivo en la pelea liguera, aunque las sensaciones siguen lejos de ser convincentes. El equipo volvió a mostrar falta de continuidad, fragilidad defensiva y demasiada dependencia de sus estrellas ofensivas.
Mbappé y Vinicius aparecieron cuando más se necesitaba, pero el Bernabéu sigue esperando mucho más de un equipo que hace tiempo dejó de transmitir seguridad. El Madrid ganó, sí. Pero en Chamartín todavía quedan demasiadas dudas abiertas.
