Los de Arbeloa consiguen la victoria en un partido sin nada en juego en el que el Bernabéu señaló a algunos jugadores

Once inicial del Real Madrid frente al Oviedo. Foto: Bernabéu Digital

El Real Madrid venció 2-0 al Real Oviedo en el Santiago Bernabéu en una noche extraña, fría y marcada más por el ambiente en la grada que por lo ocurrido sobre el césped. Los goles de Gonzalo García y Jude Bellingham dieron el triunfo a los de Álvaro Arbeloa en un partido de ritmo bajo y pocas emociones, aunque el verdadero protagonista volvió a ser el descontento de una afición cansada tras otra temporada sin grandes títulos.

El encuentro llegaba apenas unos días después de la derrota en el Clásico que confirmó prácticamente el adiós definitivo a LaLiga. Con el campeonato perdido y el Oviedo ya descendido matemáticamente, el Bernabéu afrontó el partido con resignación y cierto hartazgo. La tensión se percibía desde antes del inicio, con pitos dirigidos a varios jugadores y pancartas contra la directiva retiradas durante el encuentro.

Un partido sin tensión competitiva

Sobre el césped, el encuentro tuvo durante muchos minutos aroma de amistoso de pretemporada. El Madrid monopolizaba el balón, pero sin intensidad ni demasiada profundidad. El Oviedo, lejos de encerrarse completamente, se sintió cómodo durante buena parte del primer tiempo y llegó incluso a generar algunas aproximaciones peligrosas.

Franco Mastantuono protagonizó la primera ocasión clara con un disparo lejano que obligó a intervenir a Aarón Escandell. Brahim Díaz fue de los pocos futbolistas blancos que intentó acelerar el juego entre líneas, aunque el ritmo general seguía siendo demasiado lento para incomodar realmente al conjunto asturiano.

Mientras tanto, el Oviedo encontraba espacios a la espalda del centro del campo madridista. Nacho Vidal tuvo una ocasión clarísima dentro del área, pero envió el balón muy por encima de la portería de Courtois cuando parecía tener el empate en sus botas.

Gonzalo aprovecha el regalo

El partido parecía destinado al empate al descanso hasta que apareció una de las pocas acciones de presión efectiva del Real Madrid. En el minuto 44, una pérdida del Oviedo permitió a Brahim filtrar un balón perfecto para Gonzalo García. El delantero definió con calma dentro del área y firmó el 1-0 justo antes del descanso.

El gol alivió ligeramente el ambiente en el Bernabéu, aunque las sensaciones futbolísticas seguían siendo pobres. La grada continuaba más pendiente del contexto general del club que del propio desarrollo del encuentro.

Pitos para Mbappé y ovación para Cazorla

La segunda mitad dejó una de las imágenes más llamativas de la noche. Mientras el Bernabéu se puso en pie para ovacionar a Santi Cazorla en su entrada al terreno de juego, Kylian Mbappé recibió una sonora pitada cuando salió a calentar y posteriormente cuando ingresó al campo. El francés, que volvía tras lesión, fue el gran señalado por una afición decepcionada con el rendimiento colectivo del equipo durante toda la temporada.

El ambiente se volvió incómodo por momentos, con un estadio dividido entre el cansancio, la frustración y la indiferencia hacia un partido prácticamente intrascendente.

Bellingham sentencia un duelo gris

Pese a ello, el Oviedo siguió teniendo alguna oportunidad para empatar. Alberto Reina dejó solo nuevamente a Nacho Vidal dentro del área, pero el lateral volvió a fallar en la definición. Y cuando parecía que el Madrid terminaría sufriendo innecesariamente, apareció Jude Bellingham para cerrar definitivamente el partido.

Minuto 80. Mbappé filtró un balón al espacio y el inglés definió con precisión para marcar el 2-0. Un tanto sin apenas celebración por parte del centrocampista, reflejo también del ambiente apagado que rodeó toda la noche.

Un triunfo que no cambia nada

El pitido final dejó una sensación extraña en Chamartín. El Real Madrid ganó sin demasiados problemas, pero tampoco convenció. El equipo volvió a mostrarse plano, falto de intensidad y sin demasiada energía competitiva en un tramo final de temporada donde el único objetivo parece ser llegar cuanto antes al verano.

Gonzalo García aprovechó su oportunidad y Bellingham volvió a aparecer, pero el foco volvió a estar lejos del césped. El Bernabéu ya piensa más en los cambios que puedan llegar que en los partidos que quedan por disputarse.

Y eso, en el Real Madrid, nunca suele ser una buena señal.

Por El Rincón Deportivo

La objetividad como valor principal.

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