Bellingham y Mbappé sellan la victoria invernal en una noche de frío, pitos y alivio antes del parón navideño
La noche cayó fría sobre el Santiago Bernabéu, de esas que invitan más al abrigo que al fútbol, pero en Chamartín no había espacio para el descanso navideño. El Real Madrid se jugaba algo más que tres puntos: se jugaba la calma. Con Xabi Alonso contra las cuerdas y la Liga apretando como un villancico repetido en bucle, los blancos recibían a un Sevilla imprevisible, capaz de encender luces o apagar el partido en cualquier momento. Era víspera de Navidad, sí, pero el Madrid no estaba para cuentos: necesitaba un regalo inmediato para no descolgarse de la pelea por el título.

Celebración segundo gol del Madrid./ Foto: Real Madrid
El peso del récord y una pizarra fría
El contexto lo decía todo. Mbappé buscaba un gol para igualar el récord de Cristiano Ronaldo como máximo goleador del club en un año natural, dos para superarlo. El equipo, mientras, salía con un 4-3-3 que volvía a apostar por un Rodrygo en racha, pero que dejaba dudas en la sala de máquinas: Arda Güler y Bellingham asumían tareas de creación que apagaban, en parte, sus mejores virtudes ofensivas. El resultado fue un Madrid partido, frío, sin brillo… muy acorde a la temperatura de la noche.
El juicio prematuro del Bernabéu
El arranque fue un carbón anticipado para la afición. Tres pérdidas en los dos primeros minutos, todas en zona defensiva, bastaron para que el Bernabéu activara el modo impaciente. Los pitos comenzaron pronto y no distinguieron nombres ni jerarquías. Cada error era castigado. Cada imprecisión, subrayada. El Madrid jugaba con el rival… y contra su propio estadio.
Jude pone la luz en el invierno
El Sevilla, sin hacer demasiado, se sentía cómodo en el desconcierto blanco. El partido avanzaba sin ritmo ni ocasiones, con más nervio que fútbol, hasta que Jude Bellingham decidió poner una luz en mitad del invierno. Minuto 40. Saque de esquina bien ejecutado y cabezazo imperial del inglés para romper el empate. Fue casi un acto de fe: la única ocasión clara de un primer tiempo espeso, en el que solo Bellingham parecía entender la urgencia del momento. El Sevilla rozó el empate con una picadita de Isaac Romero que se fue lamiendo el palo, recordando que el descanso no garantizaba tranquilidad.
Pólvora mojada y muros de seguridad
La segunda parte arrancó con otro aire. Mbappé tuvo dos ocasiones claras en los primeros minutos, de esas que otras noches habrían acabado en la red. Esta vez no. La presión del récord, la ansiedad del gol… El francés lo intentaba, pero la pólvora parecía mojada. Detrás, Tchouaméni sostenía al equipo con una actuación defensiva sólida y Courtois volvía a hacer de Courtois, como si parar fuera ya una costumbre navideña más.
División en la grada y sentencia final
La expulsión de Marcao dejó al Sevilla con diez y al partido sin coartadas. El Madrid dominaba, pero sin terminar de cerrar el duelo. Odysseas evitó el gol de Rodrygo en el 76 y el murmullo volvió a recorrer la grada. Xabi movió ficha en el 82: Vinicius dejó el campo entre pitos para dar entrada a Gonzalo. No era su noche ni su temporada, y el Bernabéu no perdonó.
El desenlace llegó cuando el partido parecía condenado a la incertidumbre. Minuto 84. Rodrygo provoca un penalti y Mbappé, esta vez sí, no falla. Gol, récord igualado y celebración “Siuu” incluida. Un guiño nostálgico que arrancó sonrisas y alivió tensiones. Fue el segundo y definitivo. El regalo estaba envuelto.
Un respiro antes del turrón
El Real Madrid se marcha al parón navideño con una victoria necesaria, más trabajada que brillante, a un punto del Barcelona y con la sensación de haber sobrevivido a una noche helada. No fue un festín, pero sí un respiro. A veces, en Navidad, no hace falta más.
